Bad Vegan, en Netflix, y el efecto El timador de Tinder

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Bad Vegan, de Netflix, demuestra que, cuando una serie o película funciona, es habitual que sus fórmulas o sus temas aparezcan más pronto que tarde en otras producciones. Y en esta ocasión no hablamos solo de géneros (no nos referimos a que después de Juego de tronos aparezcan las nuevas Juego de tronos), sino a la conversación que se genera alrededor de ellos. 

Sucedió, por ejemplo, cuando Netflix estrenó Unorthodox, que estuvo varias semanas en lo más visto de la plataforma, y de repente su catálogo se llenó de ficciones y no ficciones en torno a la represión en ciertas comunidades religiosas, algo impactante para gran parte de los espectadores. Esto ha ocurrido siempre, pero con el streaming es más fácil de observar, porque al funcionar como un videoclub (y no como una cadena televisiva de emisión lineal), podemos rastrear una infinidad de títulos compartidos a la vez. 

En los últimos días hemos percibido que esto puede volver a pasar, o que en cierto modo ya está pasando. Bad Vegan, en Netflix desde hace unos días, nos recuerda a muchas problemáticas que abordó hace unos meses El timador de Tinder, que se convirtió en uno de esos pequeños fenómenos y se coló durante semanas tanto en el top de la plataforma como en las conversaciones de los espectadores. Y la cuestión más estimulante de estas dos producciones no tienen por qué ser necesariamente las estafas, sino el factor humano detrás de ellas: la mentira del amor romántico.

Pongámonos en antecedentes. Netflix lanzó a comienzos de febrero El timador de Tinder, una película documental sobre Simon Leviev, un hombre que se hizo pasar por magnate de los diamantes para estafar a multitud de mujeres con las que contactaba a través de la famosa app de ligue. 

Más allá de lo fascinante que pueda resultar este personaje, el true crime da voz a algunas de sus víctimas, y la forma en que se realiza la entrevista a la primera de ellas, Cecilie Fjellhøy, como si estuviera en una cita en un restaurante, capta a la perfección el contexto de lo sucedido. En la estrategia de Simon Leviev encontramos tres puntos de inflexión. Su principal atractivo no era el dinero (aunque deslumbra, no nos vamos a engañar), sino la ficción que creaba en torno a sí mismo y a la relación. En esos encuentros iniciales se mostraba como un hombre atento, generoso y cariñoso (a veces lo acompañaba su ex, que lo avalaba como príncipe azul), y cuando la mujer ya estaba enamorada, comenzaba la segunda parte de su plan. 

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Bad Vegan y El timador de Tinder

Leviev entonces ponía en marcha la narrativa de la persecución: unos enemigos de su padre amenazaban con matarle, y necesitaba dinero de forma urgente para huir de ellos. El tercer paso consistía en que, cuando ellas empezaban a sospechar o se mostraban reticentes a darle más dinero, él las manipulaba haciéndolas sentir culpables y en última instancia con violencia.

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