‘El abogado del Lincoln’, una serie de Netflix que podría ser de la televisión de 2012

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Mickey Haller (Manuel Garcia-Rulfo) lleva un tiempo sin sacar provecho de su licenciatura en derecho en el arranque de El abogado del Lincoln (The Lincoln Lawyer), la última serie estrenada por Netflix. Sufrió una lesión mientras practicaba surf y el dolor le convirtió en adicto a los opiáceos. Pero, mientras se plantea volver a los juzgados, hereda un despacho con un montón de casos abiertos de un abogado conocido que ha recibido un disparo en la cabeza. Uno de ellos es el de Trevor Elliott (Christopher Gorham), un multimillonario del sector tecnológico acusado de matar a la exmujer y su amante. Y es así como Haller, que recibe el apodo del “abogado del Lincoln” por trabajar siempre desde su coche, tiene un billete de vuelta a la actividad profesional (y quizá también para recibir un disparo como su antecesor).

Ver El abogado del Lincoln, que es una adaptación del universo literario de Michael Connelly, comporta situarse en un modelo de televisión pasado: el de las series pensadas para tiempos con altas temperaturas, unas dinámicas de personajes tan previsibles como las tramas, y una estructura clásica y sin sorpresas. Se emite en Netflix en 2022 pero podría ser una producción del canal cable USA Network, quizá desconocido por estos lares pero muy prolífico a la hora de exportar ficción la década pasada con títulos como Suits, Último aviso, White collar, Royal pains o Al descubierto, por lo menos hasta que la irrupción de las plataformas de contenidos cambiara el panorama audiovisual.

Recuerda esas series pensadas para tiempos con altas temperaturas, unas dinámicas de personajes tan previsibles como las tramas, y una estructura clásica y sin sorpresas

Sólo hay que examinar, por ejemplo, los conflictos. Se nos informa que el protagonista lucha contra la adicción pero en la carta de presentación ni tan siquiera le vemos tentado por los excesos o por la posibilidad que la nueva presión le pueda llevar por derroteros no deseados. Cuando entra en los juzgados tras 18 meses inactivo, encuentra la forma de salvar a sus clientes de condenas de cárcel con apenas un par de pensamientos. Y, mientras que su realidad laboral y personal en teoría es un lío, a la práctica es simplemente entrañable.

Lorna (Becki Newton), su segunda mujer, le lleva el despacho y Maggie (Neve Campbell), su primera mujer, no tiene problemas en darle una segunda oportunidad como padre de su hija adolescente. Por el amor de Dios, incluso está contento de que Cisco (Angus Sampson), su investigador favorito, esté saliendo con una de ellas, y convierte a una clienta sin un duro, Izzy (Jazz Raycole), en su chófer para así centrarse en los casos en el coche.

Tiene que defender al millonario interpretado por Christopher Gorham.

Tiene que defender al millonario interpretado por Christopher Gorham.

LARA SOLANKI/NETFLIX

Su presente, como decíamos, en teoría debería ser un caos pero el guión de David E. Kelley y Ted Humphrey se asegura que esté todo masticado, con adicciones que no incomoden, dinámicas familiares disfuncionales pero llenas de amor, y un talento innato para ejercer de abogado defensor. Y funciona en la medida que se entra con rapidez en la propuesta: un par de intercambios con las exmujeres (que ayuda que interpreten dos actrices tan solventes como Newton y Campbell), una conversación cercana con la clienta y quieres recorrer las calles de Los Angeles con Haller en el asiento de atrás revisando los casos.

Esta fórmula es apta sobre todo si uno tiene interés en volver a este modelo de ficción inofensivo, accesible, de neurona relajada con el ventilador apuntándote en la cara. ¿Qué hay de mal en esto? Si Netflix quiere asimilar principios de la televisión convencional (como siempre ha hecho, empezando por ese House of cards que se subía al carro de los antihéroes iniciados por Los Soprano), qué mejor que hacerlo con un David E. Kelley solvente a la hora de producir televisión clásica, bien definida y estructurada, con un elenco con el par de aciertos ya mencionados.

Si Netflix quiere asimilar principios de la televisión convencional, qué mejor que hacerlo con un David E. Kelley solvente a la hora de producir televisión clásica, bien definida y estructurada

Existe el riesgo de desconectar por lo intranscendente y previsible que es la propuesta. Pero, por favor, si Netflix quiere imitar modelos de ficción de la televisión tradicional, que sea con personas entendiendo las bases y no con subproductos infumables como Bienvenidos a Edén que nos recuerdan los motivos por los que abandonamos las parrillas convencionales.

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