El poeta detrás de uno de los más grandes éxitos de Netflix

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Según los números oficiales de Netflix, la serie Pálpito, escrita por Leonardo Padrón (Caracas, 1959), fue vista durante 85 millones de horas en las dos primeras semanas de su estreno. Cifra que la coloca en el primer lugar entre las series de habla no inglesa –en el segundo puesto, si se cuentan las producciones en inglés– más vistas alrededor del mundo. Ante esta noticia, el escritor dice haber quedado absolutamente desbordado. “Creo que lo que está pasando con Pálpito ha sorprendido a todos, inclusive a los de la propia plataforma. Lo primero que confirma esto es que América Latina tiene el talento necesario para confeccionar historias que viajen por el mundo. Cuando uno ve los rankings de las plataformas de streaming, lo que prevalecen son las producciones anglosajonas y, salvo las venidas de España, muy pocas veces se ven producciones latinoamericanas. Las razones para esto son desde geopolíticas hasta culturales. Entonces, que suceda algo así merece celebrarlo, independientemente de quien lo haya escrito”.

Licenciado en Letras, Padrón se ha movido con éxito en diversos campos literarios, pero fue la poesía la que le otorgó un espacio importante en el medio cultural venezolano. Perteneció al Grupo Guaire, famoso movimiento de los años 80 que puso énfasis en la poesía urbana. La orilla encendida, Balada, Tatuaje, Boulevard, El amor tóxico, Los materiales humanos y Métodos de la lluvia, son los títulos que conforman su obra poética. Han sido traducidos y editados en numerosos países de América y Europa. “Mi líquido amniótico es la poesía. Representó mi primer acercamiento a la experiencia de la palabra escrita y aspiro a que sea la última. Me siento una rara avis, porque mi obra como escritor es un péndulo que se mueve entre dos extremos. Por un lado, la poesía, que cultivan cenáculos muy pequeños, con un lenguaje cifrado en donde un poemario que venda mil libros es un asombro editorial. Y por el otro, la escritura en el ámbito de la televisión, donde se manejan cifras diametralmente opuestas a las de la poesía y en la cual tu conexión es con la cultura de masas”, afirma.

Considerado el escritor más exitoso de la televisión venezolana, sus telenovelas eran sinónimo de altas cifras de rating. Allí están, entre otras, Amores de fin de siglo, El país de las mujeres, Cosita rica, La vida entera. Historias de largo aliento en las que retrata con agudeza la idiosincrasia de esa sociedad. “Yo aprendí a conectarme con la gran masa y para eso tienes que dejar muchos prejuicios. El mundo intelectual tiende a ver con estigma todo lo que sale o nace en la televisión. Muchos de mi generación sintieron que le estaba vendiendo el alma al diablo. Eso me pareció siempre un prurito tonto que le hace un flaco favor a la madurez de la televisión como medio. Soy hijo de mi siglo y me interesa mucho lo audiovisual. Yo entré a la televisión buscando el cine porque siento que este es una forma de poesía. Así que, persiguiendo el cine, donde también he escrito el guión de varias películas, me quedé en la televisión. Y he disfrutado sus maravillas y sufrido sus demonios, porque la televisión es un monstruo muy complejo”, dice Padrón.

En Venezuela, su actividad literaria incluía el género de la entrevista y la crónica. Su exitoso ciclo de entrevistas a personalidades de la cultura hispana (músicos, escritores, políticos, artistas plásticos, actores, deportistas) dio como resultado una colección de siete libros: Los imposibles. También están los que agrupan sus crónicas: Kilómetro cero, Se busca un país y Tiempos feroces, en los que hace un agudo retrato de la realidad venezolana de los últimos años. “Yo estaba muy consustanciado con la problemática de mi país y me sentía activamente involucrado con la lucha por la recuperación de la democracia. Era una especie de misión que me había encomendado, convirtiéndome en cronista de lo que estaba ocurriendo a través de mis columnas que se publicaban los domingos en el diario El Nacional. Hasta que me sacaron del juego. Yo no me fui voluntariamente de Venezuela y el exilio me generó un choque emocional que se tradujo al principio en un estupor callado. Ese estremecimiento interior hizo que dejara de escribir. Hasta que mi instinto de supervivencia me obligó a salir de las arenas movedizas del duelo y me di a la tarea de conectar con la industria audiovisual que me rodeaba”, explica.

Conseguir un espacio laboral en Miami, ciudad en la que se instaló, no fue tarea fácil. “Encontré muchos prejuicios. Me decían: ‘Tú has sido exitoso contando historias en clave caribe, pero este es otro público’. Pero yo estoy convencido de la universalidad del lenguaje de las emociones, independientemente del idioma que sea. Una parte del peaje que me tocó pagar como exiliado fue demostrar mis horas de vuelo como contador de historias. Yo, que siempre hice historias originales, tuve que escribir adaptaciones que me colocaron dentro del radar de atención de los centros de producción internacionales”.

Así llegó la oferta de Netflix para escribir una serie original. Y lo hizo a través de esta historia narrada en catorce capítulos. “Si agudizamos la mirada, esta serie es una suerte de simbiosis entre mi experiencia primigenia con la poesía y mi largo trajinar por el laberinto de la televisión. Los códigos narrativos de las series beben del cine, estilísticamente hablando, y también de la literatura, porque hay permanentes elipsis de tiempo. Ha sido como agarrar lo mejor de los dos mundos y traérmelos a este formato. Esto no quiere decir que para escribir series debes de haber pasado por el mundo de las telenovelas o por el de la poesía, todos tenemos distintas maneras de llegar al hecho creativo”.

Para el escritor, el advenimiento del streaming es el fin de la dictadura de los programadores de televisión y un empoderamiento del espectador para que construya su programación en libertad. “Estamos ante el proyecto narrativo más poderoso del siglo XXI. Ha surgido una nueva forma de narrar el mundo a través del formato de la serie y esto les abre un espacio a los escritores. Si hacemos un inventario de los últimos éxitos en estas plataformas, muchos están basados en libros. En los departamentos de producción de estas plataformas hay personas encargadas de buscar historias y las están buscando en la literatura y en los libros”.

El éxito de Pálpito le garantizó un contrato para escribir una segunda temporada y otro de exclusividad con Netflix para escribir más series durante los próximos tres años. “La garrocha del exilio te hace saltar a la total incertidumbre, así que esto representa mi estabilidad. La estrategia de exclusividad de la plataforma me parece inteligente, voy a tener la tranquilidad absoluta para poder dedicarme a crear y escribir. Esto es lo mejor que le puede pasar a un escritor. Además, para ellos el escritor es la figura tutelar de todo el proyecto, la voz y el voto definitivo en lo que se refiere a toda la producción. Es como ser el guardián de tu historia,” afirma.

Padrón asegura que su mirada de cronista y poeta lo seguirán acompañando. “Estoy abriendo una puerta nueva dentro de mi registro escritural, pero la mirada que traigo seguirá alimentando este nuevo trabajo. Más adelante seguro vendrá otro libro de Los imposibles, así como de crónicas. Quisiera hacer uno desde el exilio, es un lugar en el que hay mucho para decir”.

Apasionado confeso de la ciudad como personaje, describe a Buenos Aires como una ciudad febril y seductora, en la que vale la pena reincidir todas las veces posibles. En cambio, aún le cuesta definir a Miami, la ciudad que ahora habita. “Una de las cosas que sucede en el exilio es que el sentido de pertenencia se vuelve difuso, por eso pienso que todavía me cuesta conectarme. Miami me produce sentimientos encontrados. Es fotogénicamente espectacular, pero a la vez puede ser muy desangelada. Extraño la efervescencia cultural, literariamente hablando, que tienen otras ciudades y que yo vivía en Caracas. Pero ahí vamos”.

Pálpito, serie de Netflix
está protagonizada por el actor argentino Michel Brown y la colombiana Ana Lucía Domínguez,
Pálpito, serie de Netflix
está protagonizada por el actor argentino Michel Brown y la colombiana Ana Lucía Domínguez,
Netflix

Pálpito

Si el amor de tu vida se encuentra en riesgo de muerte, ¿serías capaz de cualquier cosa por salvarlo? ¿Hasta de convertirte en asesino? La historia Pálpito, la serie de Netflix escrita por Leonardo Padrón, es un thriller que se desarrolla alrededor de estos interrogantes. Una mujer sufre un paro cardíaco el día de su boda y solo seguirá viva mediante un trasplante de corazón. Su marido, hombre poderoso e influyente, contrata los servicios de una banda dedicada al tráfico de órganos para que le consigan uno. Una noche, un matrimonio sufre una emboscada mientras vuelve de un concierto y a la mujer la secuestran y asesinan para sacarle su corazón. Luego, el marido se obsesiona con descubrir quienes son los responsables mientras se enamora de quien ahora lleva el corazón de su esposa.

Producida en Colombia, la serie tiene 14 capítulos. Dirigida por Camilo Vega, está protagonizada por el actor argentino Michel Brown y los colombianos Ana Lucía Domínguez, Sebastián Martínez y Margarita Muñoz.

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