El proyecto Adam, critica de la película disponible en Netflix (2022)

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Me ocurre con lo último de Levy (responsable de monumentos del cine familiar palomitero como “Noche en el museo” o “Puro acero”) lo mismo que me ocurre con el episodio de Benidorm de “Aquí no hay quien viva”. Soy totalmente consciente de sus imperfecciones y pecados, pero no puedo evitar sentirme cómodo en este relato que, en el fondo, no hace otra cosa que remitir fielmente a esas tardes de cine en familia, impregnadas por la seguridad de que todo iba a salir bien y de que lo importante no era otra cosa que el camino.

“El proyecto Adam” no es más que un chute de clasicismo blockbuster en vena para aquellos con mono de autoconclusión, una rara avis en un momento donde todo el cine de acción parece apuntar a la serialidad salvaje. Soy consciente de que esto no es para mí. Es fácil detectar en qué momentos la película oposita para convertirse en una introducción a la ciencia ficción para principiantes; en un “Interestelar” para los más pequeños de la casa (o incluso en un “Regreso al futuro” con espadas láser).

Todo va sobre raíles, y eso está genial. Sobre todo si estos transitan por alguna que otra escena de acción brillantemente dirigida (James Wan creando escuela) y por un universo que cita al videojuego con amor y respeto. Puede que la narrativa adquiera demasiada rigidez de tanto sumergirse en el clasicismo. Y sin duda estamos ante la antagonista con menos carisma de los últimos años (de verdad, es que ni lo han intentado). Pero de verdad siento que tras su modestia la película muestra la intención de regalar cine, y eso es bonito. ¿Creéis que exagero si os digo que Ryan Reynolds apunta –junto a Dwayne Johnson– a ser el Brendan Fraser de nuestra generación? ¿Quizás solo me haya pillado de buen humor. O quizás me sea imposible no empatizar con un personaje que tiene como principal objetivo volver al 2018. Quiero decir… ¿Y quién no?

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