golpe a la edad de oro de las grandes tecnológicas

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A ojos de los inversores eran casi invencibles. Vivían una edad de oro con crecimientos sin techo. Con cuentas de resultados a prueba de pandemias y sacudidas, los grandes nombres de la tecnología se habían convertido de nuevo en los ‘niños mimados’ (‘tech darling’ en inglés). Pero en los últimos meses se vive un ajuste sin precedentes recientes, que hace revivir la crisis de 2008. La inflación y sus efectos en el consumo (y la salud de las empresas), el final de las restricciones tras el coronavirus o los problemas de suministros son tres de los ingredientes de una sacudida que ya afecta a gigantes como Amazon o Netflix, cuyo techo apenas había sido tocado.

Una de las firmas paradigmáticas que han vivido en primera persona esta situación en las últimas semanas es Shopify. La canadiense es uno de esos ‘tech darling’. Tras años de un ‘boom’ del comercio electrónico, esta plataforma de software para construir toda la infraestructura con la que vender online ha perdido más del 65% de su valor este año (y un 75% desde que en noviembre arrancara la caída). Al igual que otros de estos gigantes, enseñó números y, sobre todo, previsiones. Esperaba que el crecimiento fuera sensiblemente menor en esta primera parte del año si se comparaba con los números de un histórico 2021 por el aumento del gasto en internet mientras las restricciones de la pandemia continuaban. ¿Consecuencia? Otro empujón más hacia abajo en bolsa.

El impacto de este escenario macroeconómico es claro en el comercio electrónico. Y Amazon, que se ha dejado un 30% de su valor en lo que va de año en bolsa, está siendo una de las víctimas tras años de idilio con los inversores. En la conferencia con analistas del pasada semana, el responsable financiero señaló algunos de los factores que le están impactando más allá de las pérdidas por su apuesta en el fabricante de coches eléctricos Rivian. Los mayores costes de combustible y la inflación fueron claves, junto con un crecimiento en gastos para una estructura que debía responder a una demanda disparada por la Covid. En total esos costes los cifró en 6.000 millones de dólares, mientras que los ingresos registraron la tasa de crecimiento más lenta en dos décadas. Plantearon unas previsiones con potenciales pérdidas operativas de nuevo, frente a unas expectativas muy superiores de los analistas. Prometió ajustes de costes poniendo el foco en la cantidad de espacio ‘vacío’ en almacenes y en la plantilla.

Otras firmas de comercio electrónico también han vivido duros ajustes: Ebay, Alibaba, Etsy… Ese mismo frenazo en el consumo también se ha vivido en el seno de Netflix, otro de esos ‘tech darling’ que vivió un idilio con el inversor por su capacidad para crecer a toda velocidad. La desaparición de buena parte de las restricciones por la Covid colocaron la tasa de crecimiento de los ingresos por primera vez en mucho tiempo en un solo dígito. Perdieron 200.000 clientes en los tres primeros meses del año (algo inaudito en una gráfico que vivió al alza durante muchos trimestres) y prevén dejarse otros 2 millones en el trimestre actual. El desplome del gigante del streaming es aún mayor: ha perdido cerca del 70% de su valor en bolsa.

Otras compañías con servicios que crecieron con la pandemia, como las videoconferencias de Zoom, la plataforma de ejercicio en casa Peloton, la herramienta informática para comunicaciones Twilio o las empresas de comida a domicilio, también se están viendo seriamente dañadas en bolsa y en sus cuentas de resultados. Estas firmas del ‘delivery’ sufren un castigo mayor, con el futuro dueño de Glovo, Delivery Hero, como máxima afectada. Esta fuerte presión, ante la falta (o escasez) de rentabilidad en modelos de márgenes muy estrechos, ha obligado a compañías como Just Eat a plantearse volver a vender el rival estadounidense Grubhub, sólo un año después de comprarlo por 6.500 millones de euros.

Firmas de software que se han beneficiado de la creciente digitalización de las empresas también se han visto ‘abandonados’ por una parte de los inversores. Estas compañías también han sido ejemplo de esa euforia del mercado. Es el caso de la herramienta para firma electrónica Docusign, el fabricante de la aplicaciones para desarrolladores Atlassian, o la compañía de computación en la nube Snowflake, que han vivido recortes bursátiles significativos. De esta quema se ha salvado parcialmente Microsoft, que ha enseñado más músculo económico en los dos últimos trimestres a pesar de los problemas. Ha perdido ‘sólo’ un 18% del valor en bolsa.

Las que sí que se han visto seriamente afectadas son las compañías que salieron a bolsa en los dos últimos años aprovechándose precisamente de esa euforia inversora pero cuyas cuentas están teñidas de rojo. En un contexto de subida progresiva de tipos de interés y de inflación, estas compañías se resienten. Es el caso de firmas como la empresa de almacenamiento de datos en la nube Snowflake (que perdió 679 millones de dólares en 2021), el controvertido fabricante de software para defensa Palantir, que necesitó 1.500 millones de ingresos para unas pérdidas de 520 millones, o el gigante Coupang, el conocido como el ‘Amazon coreano’. Todos ellos han sido duramente golpeados.

Las réplicas de este terremoto en empresas cotizadas también se ha dejado notar entre las empresas respaldadas por fondos de capital riesgo. Las valoraciones de numerosas startups, especialmente en fases más avanzadas, se han visto dañadas precisamente porque se suele utilizar las capitalizaciones bursátiles como referencia. Y varios analistas señalan que los próximos meses estarán marcados por despidos y ajustes de costes en compañías que no son rentables y que necesitan de capital para seguir funcionando. En estas últimas semanas ya se han dado a conocer algunos ajustes severos, como el agregador de marcas de Amazon Thrasio, que va a despedir al 20% de su plantilla o la plataforma para operar en bolsa Robinhood, que se plantea reducir su equipo en más de 300 empleados (un 9%). Todo apunta a que habrá más.

La sacudida se intensifica en el sector tecnológico en un año 2022 que está siendo particularmente negro después del frenesí ‘post-pandemia’. Las que han sido mimadas durante años por los inversores, hoy se miran con mucho más recelo. Después de años premiando el crecimiento fuerte, ahora empiezan tiempos de castigo por no llegar a niveles extraordinarios registrados en plena pandemia. La última ‘edad de oro’ de las ‘tech’ parece tocar a su fin. Sólo queda por ver hasta dónde alcanzará el ajuste.

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