Los detalles menos conocidos de la adaptación para Netflix de ‘Hasta el cielo’

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El cineasta Daniel Calparsoro apostó por estrenar en plena pandemia sanitaria el largometraje ‘Hasta el cielo’ donde Ángel (el actor Miguel Herrán) se une a una banda de atracadores violentos en Madrid. Ahora se ha lanzado a dirigir para Netflix una continuación en forma de serie con un gran trabajo de producción. El argumento arranca con una llamada en medio de la noche que cambia el destino de Sole (Asia Ortega): su marido, Ángel (el personaje que dio vida Herrán), líder de la banda de aluniceros, ha muerto.

Los seis capítulos llegarán en Semana Santa, según las primeras estimaciones, y en ellos se pretende ofrecer un final de la historia más adecuado al que se dio en el largometraje, una conclusión brusca, inesperada, que no terminó de encajar a críticos y espectadores. 

El rodaje de la secuela comenzó en París, pero la trama llevará a los personajes por destinos tan singulares como Nigeria, el Algarve portugués, Lisboa, Madrid y distintas localizaciones gallegas por la Costa da Morte. Este ambicioso despliegue ha elevado el coste de la producción que, según profesionales implicados en el proyecto, se sitúa en el millón y medio de euros. Esta cantidad convierte a esta serie en la producción más cara del año de Netflix.

Frío en París, luto en La Almudena

Según ha podido saber Confidencial Digital, todo el equipo de producción se desplazó durante una semana a la capital francesa. Allí hubo –explican fuentes cercanas al proyecto- días de duro rodaje, “con mucho frío al grabar prácticamente todas las escenas en exteriores”. 

El set también se desplazó, como se ha dicho, hasta el Cementerio de la Almudena. Allí se emplearon también bastantes horas de rodaje. Estuvieron al menos dos días entre tumbas y mausoleos, para grabar escenas que incluían la llegada del actor Luis Tosar (‘Quien a hierro mata’, ‘Celda 211’) para acudir al funeral de Ángel, que acaba de morir al inicio de la serie. 

Al tratarse de un recinto público, los productores tuvieron ciertas dificultades para trabajar con continuidad. Familiares de algunos fallecidos que acudieron esos días al cementerio tuvieron que “solidarizarse” con los profesionales para no interrumpir las escenas. “Algunos de los familiares se quejaron porque no querían apartarse o esperar y llevaban razón, a mí me da reparo pedirles colaboración”, aseguraba visiblemente molesto un ayudante de la productora Vaca Films. 

La productora también hizo todo lo posible por evitar curiosos, cortando calles y poniendo vigilancia. Se trataba también de evitar spoilers sobre la trama de la serie. Sin embargo, la presencia en el recinto de un gran camión y dos furgonetas negras impedían cualquier intento de discreción. 

El equipo se desplegó por una zona del cementerio donde tres cámaras, el director, el productor, una maquilladora y varios ayudantes se desempeñaron durante horas al grito de: “Silencio… ¡acción!”, para grabar escenas concretas. 

Alunizajes caros

Hay que recordar que el director de cine se inspiró en una historia real para este relato. Por eso ha querido recrear una vida y un final amargo que efectivamente existió. Dentro de la narración, también existen secuencias de alta tensión, violencia y agresividad que desembocan en altercados y robos con alunizajes, por ejemplo, en calles del exclusivo barrio de Salamanca, en Madrid. 

Tras las escenas del Cementerio de la Almudena, el equipo integrado por unas veinte personas, se desplazó a la calle Goya de Madrid donde Calparsoro ha utilizado vehículos de alta gama para empotrarlos. Se trataba de todoterrenos de la marca sueca Volvo, modelo XC90, que fueron siniestrados también contra farolas. 

La serie cuenta con secuencias que recrean además la noche madrileña. Se han grabado escenas concretamente en el Teatro Kapital. Allí Luis Tosar y la viuda de Ángel (Miguel Herrán) tomarán decisiones drásticas sobre el futuro de su negocio, que atraviesa un momento complicado. 

Netflix quiere “tocar el cielo”

La serie no contará, como se ha dicho, con Miguel Herrán ni Carolina Yuste, protagonistas de la historia de amor imposible en el largometraje. Ambos rechazaron participar en la serie tras leer el guión y no llegar a un acuerdo económico. Además, declararon que el proyecto les parecía “insuficiente”. 

Los productores, sin embargo, son optimistas. La factura del metraje que se lleva grabado es muy buena, de alta calidad. No descartan, de hecho, que la serie acabe convirtiéndose en uno de los productos más vistos de Netflix una vez se estrene, también a nivel internacional. 

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