Netflix y las víctimas del abuso financiero

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Photo credit: dr

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A lo largo de las últimas semanas, Netflix ha encontrado en ‘Bad Vegan’ y ‘El estafador de Tinder’ dos minas de oro destinadas no solo a capturar espectadores, sino a generar memes. La dinámica de “memeificar” a los criminales hace que un delito devenga en chiste y haga de ellos lucrativas entidades que terminan siendo glorificadas y admiradas. Mientras tanto, las redes sociales han encontrado en las víctimas de las estafas un nuevo motivo de mofa que ha silenciado lo que subyace tras estos truculentos movimientos: el abuso financiero, una forma de violencia machista que por fin sale a la luz gracias a dichas docu series y a ‘La asistenta’, la miniserie basada en la historia real de una madre que intenta huir junto a su hija de una pareja abusiva. Aunque en la pequeña pantalla jamás vemos golpes, Netflix se asegura de ahondar en los abusos psicológicos de los que es víctima su protagonista, que depende económicamente de su pareja. La retención de dinero o el robo del mismo, así como la restricción al uso de los recursos económicos, son algunos ejemplos del abuso financiero, y ‘La asistenta’ pone de manifiesto que la independencia económica, clave para poder escapar, no es tan fácil de lograr, especialmente si las víctimas tienen hijos menores y necesitan conciliación.

Por si fuera poco, encontrar trabajo siendo víctima de la violencia de género es una traba más, tal y como señala un estudio elaborado por la Fundación Adecco. El empleo es un activo esencial para la recuperación de las víctimas, pero el 74% de ellas oculta en las entrevistas laborales su situación para evitar ser descartadas. La pandemia no ha hecho más que acrecentar las dificultades de encontrar trabajo, pues como indica el estudio, el 80,0% de las que han participado en él han señalado que las barreras tecnológicas, entre las que se encuentra el tener que hacer las entrevistas de modo virtual o tener que teletrabajar, son nuevas dificultades añadidas.

Photo credit: Netflix

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Un 11% de mujeres mayores de 16 años asegura que sus parejas les han controlado en algún momento sus gastos, les han exigido entregar los tickets que justifican cada movimiento bancario y gasto o incluso han dejado de contribuir a la economía doméstica. La magistrada Lucía Avilés ha pedido al Gobierno que este tipo de conductas se tipifiquen en el código penal como violencia machista. Pese a que a través del convenio sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica, la legislación internacional ya incluye los aspectos económicos como una modalidad de violencia sobre la mujer, la legislación española avanza con lentitud. En la actualidad, el Gobierno se halla sumido en el estudio de la propuesta. “Legitimar la violencia económica es dar instrumentos a los agresores para seguir sometiendo a la mujer”, asegura la la jueza.

Mofa y culpa: la doble condena de las víctimas

El problema de los abusos financieros que ocurren en los shows de Netflix es que no son casos aislados. Así lo indica la Oficina Nacional de Inteligencia contra el Fraude del Reino Unido, que explica que entre noviembre de 2020 y octubre de 2021, se informaron 8.863 casos de fraude romántico. La Comisión Federal de Comercio informa de que el año pasado este tipo de estafas generó pérdidas de más de 500 millones de euros, un incremento de casi el 80 % respecto al año anterior. La pandemia, así como el nacimiento de nuevas ‘dating apps’, han allanado el camino para que los estafadores puedan inventar historias con las que convencer a las víctimas de enviarles dinero. Precisamente son ellas las que han terminado por convertirse en el chiste a causa del denominado “Síndrome del Príncipe Azul”, que hace que algunas mujeres idealicen hasta el extremo a sus parejas. Esa idealización hace que muchas personas sean incapaces de empatizar con las víctimas de los fraudes románticos, mientras que sí lo hacen con quienes caen en las trampas de otro tipo de engaños, por considerar que esa vulnerabilidad y la construcción de una fantasía son ridículos. Sin embargo las víctimas que se atreven a contar sus historias, lejos de ser vapuleadas, como asegura Shannon Thomas, autora del libro ‘Exposing Financial Abuse: When Money is a Weapon’, han de ser aplaudidas por su valor. “El abuso financiero es una de las formas de abuso más escondidas. Hemos de estarles agradecidas a las víctimas por compartir sus vivencias, pues pueden ayudar a otras víctimas a sentir que no están solas. La respuesta al abuso que claramente tuvo lugar señala el trabajo que todavía tenemos por delante para dar visibilidad a las tácticas que se llevan a cabo mediante términos de abuso psicológico como el ‘gaslighting’ o el ‘love bombing’ que salen a la luz a través de los testimonios”, señala.

Photo credit: Netflix

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‘Bad Vegan’ y ‘El estafador de Tinder’ comparten estructura. Los acontecimientos son narrados a través de los testimonios de bellas mujeres blancas adineradas que han sido arruinadas económicamente por hombres que, contra todo pronóstico, están en libertad y no aportan su versión de los hechos al relato. Por ello, habitan en su propia burbuja, en la que siguen disfrutando de un estilo de vida del que las mujeres que aparecen en ambos shows ya no disfrutan a causa de sus engaños. La más mínima duda acerca de si Sarma Melngailis, protagonista de ‘Bad Vegan’, es en realidad culpable ha creado dos grupos igualmente dañinos: los que creen que es realmente culpable, y los que piensan que es inmensamente estúpida. El que su pareja le prometiera la vida eterna de su perro no ayudó en absoluto a que la gente sintiera simpatía alguna por ella, que ha asegurado que la docuserie es “perturbadoramente engañosa”. La dinámica de convertir a los criminales en ídolos no es algo nuevo (no podemos olvidar que el perturbador protagonista de ‘You’ ha terminado por ser romantizado por algunas fans de la serie), y se rumorea que a Simon Leviev ya le han ofrecido publicar un libro, crear presentar un podcast de citas e incluso participar en un reality en el que las participantes compitan por su amor. Al fin y al cabo… ¿Quién no quiere enamorarse de un criminal dispuesto a vaciar tu cuenta corriente?

Photo credit: Netflix

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En demasiados casos, tanto las víctimas de Simon Leviev como de Anthony Strangis terminan por ser objeto de burla, se les acusa de ser cazafortunas y son culpabilizadas por los espectadores, mientras que ellos disfrutan de cierta popularidad y simpatía. Incluso en ‘¿Quién es Ana’, Netflix termina por convertir al personaje de Rachel Deloache Williams en una caricatura perfilada como una mujer bobalicona, superficial y hambrienta de fama y poder, por lo que en el fondo, vuelve a transformar a una mujer estafada en alguien ridículo que a ojos de muchas personas, se merecía el engaño. La razón por la que consideramos absurdo que se creyeran sus disparatadas mentiras es que no estamos emocionalmente vinculados con la historia, por lo que podemos ver las ‘red flags’ al instante, algo que es mucho más complicado de advertir cuando los sentimientos nublan tu radar. Decir “te lo dije” es más fácil cuando ves lo que ocurre desde fuera.

Netflix puede servir para que los estafadores sean señalados y para advertir a la gente de sus peligros, pero las ganas de convertir en meme cada declaración han hecho que el que realmente tendría que ser el tema a destacar, el abuso financiero, haya quedado relegando a un segundo plano, mientras que la reacción que tantos han mostrado hacia las víctimas explica que muchas se avergüencen, se culpen a sí mismas y no se atrevan a hablar de los abuso por miedo a las risas. Al final, quien ríe el último no ríe mejor, sino que termina por ser el más cruel.

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